Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

viernes, 12 de abril de 2013

Libertad del corazón.


Todo estaba en silencio en aquella habitación oscura de hostal, pero podía sentir el calor de su cuerpo desnudo en mi espalda.
 - Sabes que por mucho que me pidieses que volviera, nunca lo llegaría hacer -dijo quebrando el silencio de aquel momento- es algo que no puedo hacer.
 - Te equivocas cuando piensas que te he pedido que volvieses, nunca pronuncié esa frase en todo este tiempo. Quizás lo pensaba, y era algo que cada noche pedía en cada oración. Pero nunca te miré a los ojos rogándote que te quedaras o que volvieses.
 - No me refiero a que lo dijeras o no -me interrumpió.
 - Déjame terminar, solo pido eso. Sabes el valor que le doy a cada una de mis palabras y contigo siempre he sido muy cuidadoso. Nunca mencioné vuelve porque conozco el significado completo de todas y cada unas de las palabras. Pedirte que vuelvas es pedirte que sacrifiques tus sueños, es matar una parte de ilusión por tenerte a mi lado, es no dejar que tú avances por tu cuenta y descubras lo que te espera, es cortar las alas de tu libre albedrío. Es sencillo, y te lo explicaré con un cuento. Hace mucho tiempo una joven princesa muy caprichosa paseaba con su séquito por el bosque, un día, durante un pequeño descanso en un lago pudo observar un hermoso unicornio en la otra orilla. Encaprichada de aquella belleza tan pura mandó a sus seguidores a que capturaran dicho animal y así de esta manera podía observar sus fantásticas crines cada mañana. Pocos meses tardó la joven en obtener aquel fabuloso ser, y para tenerlo en sus aposentos mandó al arquitecto diseñar una jaula. Al principio aquel unicornio era como ella imaginaba al verlo, mágico, increíblemente bello, puro, y enérgico, pero con el paso de los meses veía como aquel animal comenzaba a consumirse en aquella celda. Dejó de brillar con aquel halo de luz que lo caracterizaba, su belleza comenzó a marchitarse, su pureza pasó a corromperse, y su energía se esfumó de un plumazo. Poco a poco, aquel misterioso ser iba siendo consumido y el egoísmo de aquella princesa le impedía ver la solución a aquel problema. Tarde fue cuando decidió liberarlo, porque la mañana en el que sus cortesanos siguiendo sus órdenes lo fueron a liberar encontraron su cuerpo sin vida.
 - Vaya, estás demasiado profundo -dijo- no lo había pensado así.
 - Yo al contrario sí, decirte que volvieras quizás me daría la felicidad que yo necesito pese a la tuya, pero yo se que dentro de todo tú eres feliz en esta ciudad, con él, con tus amigos y el mundo que tú has construido. No puedo siquiera pretender quitarte eso, tu libertad. Es por eso que creo que te amo tanto, eres libre, y mi corazón lo entiende, sabe que tú también lo haces, pero también conoce que los sueños son el camino que tenemos que seguir, y yo mejor que nadie conozco que esta ciudad forma parte de tu sueño y que por desgracia, mis circunstancias me impiden estar en ella.
 Por eso cuando yo te digo te amo, te digo que te amo porque el universo conspiró para ello, pero también te amo porque amo tu libertad.
 Pegó su espalda a mi pecho, cogió mi mano y la puso en su corazón, notaba como latía con prisa, y que poco a poco se iba calmando, luego dirigió mi mano a sus ojos pudiendo notar que aquello le había llegado. Pocas veces le había visto llorar, pero sin duda, mi corazón latía tranquilo porque ambos éramos libres de estar allí, de dejar que nuestro amor se consumara, de ser dos desconocidos que realmente se conocían bien.
 Todas las cosas que estaban pasando en aquel viaje eran martillazos que forjaban una parte de mí que desconocía, pero que sin duda alguna, aquellas palabras, aquellos momentos estaban todos destinados a ocurrir, pero no por ese destino que nos está impuesto, al contrario era aquel destino que el universo nos enseñaba y que nuestra libertad elegía llevarlo a cabo.