El sonido de las tejas rompía el sepulcro nocturno que Nox ofrecía. Las callejuelas estaban vacías, alumbradas por tenues velas que el sereno había encendido unas horas antes. Pese a la velocidad con la que aquella persona se movía, aquellos pasos prestos pero sigilosos amortiguaban el posible nivel de ruido en aquellas cerámicas ornamentales.
Su pensamiento era uno, su objetivo. La sed de sangre la necesitaba saciar y aquel contrato merecía la pena. No sólo por aquella cantidad de oro acordada, también podía satisfacer aquella parte oscura que lo envolvía. Frenó en seco, desde las alturas podía observar aquella pequeña plaza con una bella fuente en el medio. Esperó un minuto, aprovechando a estudiar aquella cornisa en la que se encontraba. Sin sus pisadas, el agua de aquella fuente era la única que rompía el silencio.
Puso su mano en su cinturón, agarró la daga con la que debía terminar el contrato. Estaba deseoso de utilizarla. Con su otra mano palpó con precaución el pequeño saquito que colgaba de su cintura. Desenvainó la daga e introdujo su pequeña punta en aquel saco impregnándola de veneno. Todo estaba listo. Solo quedaba esperar a que llegara el glorioso momento.
Unos pasos comenzaron a retumbar, siendo la señal necesaria para actuar. Todo iba a ser muy rápido. Lo siguiente fue el sonido de la última exhalación del joven. La daga entró con gran facilidad en su cuello, y el veneno facilitó que el suelo no estuviera impregnado de sangre. Retiró la daga, y la limpió en su pantalón. Todo estaba perfecto, la sangre era ínfima y aquella limpieza lo facilitaba todo.
Se acercó al rostro del joven, no alcanzaría los 23 años, muy apuesto en su opinión y aquellas ropas significaban una buena posición económica. "Pobre infeliz"-pensó. Sacó de su bota un pequeño cuchillo y cortó un mechón del joven. Sonrió debajo de aquella máscara impasible. Perfecto. El demonio estaba acallado y sus bolsillos estarían repletos de oro.
Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho
sábado, 8 de abril de 2017
sábado, 4 de febrero de 2017
Supongo que tengo necesidad de escribir lo que ha sucedido de vuelta a mi casa y para ello comienzo entrando en detalles.
Soy un chico de estatura media, 1'72, y muy delgado. Llevo en los 55 kg desde los 17 años y no tengo problemas alimenticios precisamente. Invitarme a comer a mí es lo más fácil si pretendes arruinarte.
Debido a mi delgadez, aparento que no tengo fuerza, y reconozco que no es mi punto máximo, y eso a veces da por pensar que soy una persona débil.
Y NO LO SOY.
Tengo 25 años, que no es nada, pero oye, algo es algo, y mi físico invita a que aparente mucho menos del que tengo (a día de hoy me piden el DNI aún en muchos sitios, una lata). Supongo que este es también otro factor para lo que sigue.
Ah bueno, y soy gay. Y al mirarme se puede presuponer que lo soy. ¡Orgulloso!
Hace unas horas me despedí de mis amigos después de una noche de charla y copas, y me dirigí como de costumbre a la parada del bus. Hasta ahí, todo bien. La noche mejora perdiendo el bus en la narices, pero oye, estamos en Barcelona y por suerte en 15 minutos tienes otro que te lleva a tu casa.
Tengo una fea manía, o buena (depende de como se mire) y es la de caminar entre paradas para evitarme estar quieto durante la espera. Es decir, llego a la que tengo que estar, miro el tiempo del bus que falta y camino a la siguiente parada. Y oye, camino un poco pero no se me hace tedioso el hecho de esperarlo. Lo hago siempre y nunca he tenido ningún percance aunque vaya a altas horas en la noche y solo.
Todo sea dicho de paso, nunca he sentido miedo de estar solo en la calle, es más, aunque suene machista (no me confundáis) son las jóvenes las que suelen temer estar en la calle solas. Somos machos, no nos van a violar. (No me confundáis, con esto obviamente estoy criticando la desigualdad, la inseguridad y el miedo a los que muchas están sometidas).
Continuo con lo que venía contando... sigo caminando entre paradas, y justo en la acera de enfrente veo un tipo borracho (las eses que hacía caminando y su cara lo decían todo). Pero oye, estamos en una gran ciudad ¿y quién no ha vuelto haciendo eses a casa?.
La cuestión es el que el tipo me ve, y comienza a caminar enfrente sin dejarme de mirar acompañando sus pasos con un "hey" "hey". Ignoro totalmente, pienso que no es para mí y continuo acelerando un poco. El tipo lo ve, y cruza, y comienza a seguirme. "hey men, come with me" le oigo decir. Acelero un poco, no es que me ponga nervioso pero tampoco me siento cómodo en la situación.
De nuevo repite su frase, y acelera poniéndose a mi lado. (Joder, esas eses que hacía al caminar y que bien me ha alcanzado). Y ya me lo dice directamente, "hey men, come with me". Pero yo en mis treces de no hacer caso continuo.
Bueno, supongo que pensó que era buena idea el tocarme el brazo. "Hey, come with me. I'm talking to you" me dice. Con educación y paciencia le respondo que no, que me deje en paz y hago el ademán de que me suelte el brazo. Pero nuestro amigo, comienza a apretar mi brazo. "Hey, I won't tell you again. Come with me now".
Tiro de mi brazo y le miro. Le insto a que me deje en paz o lo siguiente que va a recibir de mí es una hostia. Se sorprende, se echa para atrás (lo agradezco, su peste a alcohol es consistente) y se marcha.
Y yo reflexiono. Soy chico y es la primera vez que me pasa algo similar. Pero más de una conocida a tenido algún percance de este tipo, y por suerte, han podido salir sin que eso llegara a mayores.
¿QUÉ COJONES PASA EN ESTE MUNDO DONDE UN NO ES INTACHABLE? ¿QUIÉN COJONES SE CREEN COMO PARA INTENTAR IMPONER SU VOLUNTAD ENCIMA DE ALGUIEN? ¿Y ESAS CHICAS QUE NO TIENEN ESA SUERTE? ¿POR QUÉ COJONES TIENEN QUE TENER MIEDO Y SENTIR ESA INSEGURIDAD? ASCO ME DA QUE ESTO PARA MÍ SEA ALGO ESPORÁDICO, PERO ¿POR QUÉ ELLAS TIENEN QUE VIVIRLO CON RELATIVA FRECUENCIA?
Soy un chico de estatura media, 1'72, y muy delgado. Llevo en los 55 kg desde los 17 años y no tengo problemas alimenticios precisamente. Invitarme a comer a mí es lo más fácil si pretendes arruinarte.
Debido a mi delgadez, aparento que no tengo fuerza, y reconozco que no es mi punto máximo, y eso a veces da por pensar que soy una persona débil.
Y NO LO SOY.
Tengo 25 años, que no es nada, pero oye, algo es algo, y mi físico invita a que aparente mucho menos del que tengo (a día de hoy me piden el DNI aún en muchos sitios, una lata). Supongo que este es también otro factor para lo que sigue.
Ah bueno, y soy gay. Y al mirarme se puede presuponer que lo soy. ¡Orgulloso!
Hace unas horas me despedí de mis amigos después de una noche de charla y copas, y me dirigí como de costumbre a la parada del bus. Hasta ahí, todo bien. La noche mejora perdiendo el bus en la narices, pero oye, estamos en Barcelona y por suerte en 15 minutos tienes otro que te lleva a tu casa.
Tengo una fea manía, o buena (depende de como se mire) y es la de caminar entre paradas para evitarme estar quieto durante la espera. Es decir, llego a la que tengo que estar, miro el tiempo del bus que falta y camino a la siguiente parada. Y oye, camino un poco pero no se me hace tedioso el hecho de esperarlo. Lo hago siempre y nunca he tenido ningún percance aunque vaya a altas horas en la noche y solo.
Todo sea dicho de paso, nunca he sentido miedo de estar solo en la calle, es más, aunque suene machista (no me confundáis) son las jóvenes las que suelen temer estar en la calle solas. Somos machos, no nos van a violar. (No me confundáis, con esto obviamente estoy criticando la desigualdad, la inseguridad y el miedo a los que muchas están sometidas).
Continuo con lo que venía contando... sigo caminando entre paradas, y justo en la acera de enfrente veo un tipo borracho (las eses que hacía caminando y su cara lo decían todo). Pero oye, estamos en una gran ciudad ¿y quién no ha vuelto haciendo eses a casa?.
La cuestión es el que el tipo me ve, y comienza a caminar enfrente sin dejarme de mirar acompañando sus pasos con un "hey" "hey". Ignoro totalmente, pienso que no es para mí y continuo acelerando un poco. El tipo lo ve, y cruza, y comienza a seguirme. "hey men, come with me" le oigo decir. Acelero un poco, no es que me ponga nervioso pero tampoco me siento cómodo en la situación.
De nuevo repite su frase, y acelera poniéndose a mi lado. (Joder, esas eses que hacía al caminar y que bien me ha alcanzado). Y ya me lo dice directamente, "hey men, come with me". Pero yo en mis treces de no hacer caso continuo.
Bueno, supongo que pensó que era buena idea el tocarme el brazo. "Hey, come with me. I'm talking to you" me dice. Con educación y paciencia le respondo que no, que me deje en paz y hago el ademán de que me suelte el brazo. Pero nuestro amigo, comienza a apretar mi brazo. "Hey, I won't tell you again. Come with me now".
Tiro de mi brazo y le miro. Le insto a que me deje en paz o lo siguiente que va a recibir de mí es una hostia. Se sorprende, se echa para atrás (lo agradezco, su peste a alcohol es consistente) y se marcha.
Y yo reflexiono. Soy chico y es la primera vez que me pasa algo similar. Pero más de una conocida a tenido algún percance de este tipo, y por suerte, han podido salir sin que eso llegara a mayores.
¿QUÉ COJONES PASA EN ESTE MUNDO DONDE UN NO ES INTACHABLE? ¿QUIÉN COJONES SE CREEN COMO PARA INTENTAR IMPONER SU VOLUNTAD ENCIMA DE ALGUIEN? ¿Y ESAS CHICAS QUE NO TIENEN ESA SUERTE? ¿POR QUÉ COJONES TIENEN QUE TENER MIEDO Y SENTIR ESA INSEGURIDAD? ASCO ME DA QUE ESTO PARA MÍ SEA ALGO ESPORÁDICO, PERO ¿POR QUÉ ELLAS TIENEN QUE VIVIRLO CON RELATIVA FRECUENCIA?
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