Creo que muchas personas no se dan cuenta a día de hoy de la
clase de persona que soy. Cierto es que soy una persona muy impulsiva, y que
disfruta de un salto mortal con doble tirabuzón en una gran piscina con/sin
agua. Y es que eso es parte de mi esencia. Es lo que soy y lo que hace que sea
como yo soy.
Y es genial, en la
mayoría de los casos. Sólo puedo encontrar muchas clases de ventajas, aunque
uno acabe en el suelo perdiendo sangre debido al impacto con un suelo sin nada
más que cemento. Pero es enriquecedor y no exclusivamente doloroso. El golpe
duele, quizás temporalmente o incluso se alargue, pero ese conocimiento
empírico no tiene desperdicio alguno.
La verdad es que soy esa
clase de persona que probablemente muera por un "no hay huevos",
"no hagas eso", "vas a fallar haciendo eso", "llorarás
cuando vuelvas", y es que esas frases cargadas con tanta negatividad
absurda y estúpida lo único que hace es darme la carrerilla y el impulso para
que ese salto llegue un poco más lejos. Son esas las personas que me gustan,
las que se dedican a cortar la capacidad de cada uno, a juzgar esos deseos que
llevamos hacia un puerto mucho más real, son ellos los que alimentan este
corazón con energía para poder avanzar.
Y es que me voy, me
voy de este absurdo país, y es algo que está más que decidido. Y supongo que
aquí viene la razón por la que me quiero ir a donde me quiero ir.
Chile. Sí, cruzar ese
enorme charco que nos separa de nuestra hermana Latinoamérica. Un gran salto
con mucha razón de ser.
Por mí, para mí, y
yo. Esta es la razón fundamental y ahora quiero entrar en cada uno de los
detalles que se esconden detrás de estas palabras. No es que sea un secreto muy
bien escondido. Las personas de mi alrededor saben que vine a hacer en esta
enorme y maravillosa ciudad que es Barcelona. No vine por mí, y creo que es un
error mantenerme en un lugar al que yo vine por una razón externa a mí.
No os engaño cuando
hablo de que llegué y me enamoré de las calles de esta ciudad tan genial. Esa
magia que se palpa en las diferentes partes de la misma y ¡haber cumplido un
sueño también le da un nivel mayor de importancia! Pero, cuando amas a alguien
tanto no puedes evitar estar esperándole de alguna manera. Y esto es un motivo
con suficiente relevancia como para mantenerte en el lugar durante bastante
tiempo. Además la idea de poder encontrarle y ver si sonríe o no es lo
suficientemente reconfortante.
Pero llega el momento
en el que inconscientemente cierra esa puerta, y quizás eso hace que la razón
de peso pierda todo su sentido. Quizás es un poco triste poder hacerlo pero es
increíblemente reconfortante saber que por fin, después de muchos años, uno ya
es libre.
¿Y que mejor motivo
para saber que uno está liberado que decidir dejar la ciudad prometida con el
fin de encontrar la ciudad propia? Porque, seamos honestos, esta nunca fue mi
ciudad y siempre fue suya.
Y cuando uno tiene
esa determinación el peso ,que uno se ha dedicado a llevar encima durante tanto
tiempo, desaparece permitiendo respirar con tranquilidad. Cierto es de que no
he llegado a esa determinación yo solo. Obviamente existen pequeños efectos
detonantes, pequeños pero que juntos logran esa montaña de arena.
Creo que, ya escribo
esta entrada para sincerarme, es necesario ir con aquel detalle tan importante
de esto. Me encantan las personas que provocan cambios en mí, que me hacen me
planteé todo mi mundo de diferente manera. Esas experiencias que dejan una gran
incógnita en cada uno y hubo una persona que dejó un terrible agujero en estos
lugares. Y no puedo estar más agradecido con él, con el choque e impacto que
provocó en toda la concepción de mi mundo, en las ideas tan crudas que se
esconden detrás de muchos pensamientos que huelen a rosas porque somos los
afortunados de poderlos hacer nacer con perfume. Esa necesidad está en mí,
presente cada día, en conocer esa perspectiva, en sentir en mis carnes ese
choque cultural que existe entre ambos lugares del mundo. Y es genial, increíble
que alguien que conoces de pocos días y con la que vives algo intenso deje en
uno mismo ese regusto de tener que marcharse, de que esto no es mío y no forma
parte de mi futuro libre, que existe mucho lugar para poder encontrar mi sitio,
que es por mi, para mí y porque toca ser egoísta y marchar lejos.
A veces, esas
personas que pasan de paso por nuestros mundos, son las que logran cambiarlo
todo y darnos esa libertad que todos ansiábamos.
Soy libre, y por ello
me marcho. Todos mis pasos los muevo yo, con la única idea de que es todo para
mí.