Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

jueves, 8 de diciembre de 2016

Me marcho


Creo que muchas personas no se dan cuenta a día de hoy de la clase de persona que soy. Cierto es que soy una persona muy impulsiva, y que disfruta de un salto mortal con doble tirabuzón en una gran piscina con/sin agua. Y es que eso es parte de mi esencia. Es lo que soy y lo que hace que sea como yo soy.

 Y es genial, en la mayoría de los casos. Sólo puedo encontrar muchas clases de ventajas, aunque uno acabe en el suelo perdiendo sangre debido al impacto con un suelo sin nada más que cemento. Pero es enriquecedor y no exclusivamente doloroso. El golpe duele, quizás temporalmente o incluso se alargue, pero ese conocimiento empírico no tiene desperdicio alguno.

 La verdad es que soy esa clase de persona que probablemente muera por un "no hay huevos", "no hagas eso", "vas a fallar haciendo eso", "llorarás cuando vuelvas", y es que esas frases cargadas con tanta negatividad absurda y estúpida lo único que hace es darme la carrerilla y el impulso para que ese salto llegue un poco más lejos. Son esas las personas que me gustan, las que se dedican a cortar la capacidad de cada uno, a juzgar esos deseos que llevamos hacia un puerto mucho más real, son ellos los que alimentan este corazón con energía para poder avanzar.

 Y es que me voy, me voy de este absurdo país, y es algo que está más que decidido. Y supongo que aquí viene la razón por la que me quiero ir a donde me quiero ir.

 Chile. Sí, cruzar ese enorme charco que nos separa de nuestra hermana Latinoamérica. Un gran salto con mucha razón de ser.

 Por mí, para mí, y yo. Esta es la razón fundamental y ahora quiero entrar en cada uno de los detalles que se esconden detrás de estas palabras. No es que sea un secreto muy bien escondido. Las personas de mi alrededor saben que vine a hacer en esta enorme y maravillosa ciudad que es Barcelona. No vine por mí, y creo que es un error mantenerme en un lugar al que yo vine por una razón externa a mí.

 No os engaño cuando hablo de que llegué y me enamoré de las calles de esta ciudad tan genial. Esa magia que se palpa en las diferentes partes de la misma y ¡haber cumplido un sueño también le da un nivel mayor de importancia! Pero, cuando amas a alguien tanto no puedes evitar estar esperándole de alguna manera. Y esto es un motivo con suficiente relevancia como para mantenerte en el lugar durante bastante tiempo. Además la idea de poder encontrarle y ver si sonríe o no es lo suficientemente reconfortante.

 Pero llega el momento en el que inconscientemente cierra esa puerta, y quizás eso hace que la razón de peso pierda todo su sentido. Quizás es un poco triste poder hacerlo pero es increíblemente reconfortante saber que por fin, después de muchos años, uno ya es libre.

 ¿Y que mejor motivo para saber que uno está liberado que decidir dejar la ciudad prometida con el fin de encontrar la ciudad propia? Porque, seamos honestos, esta nunca fue mi ciudad y siempre fue suya.

 Y cuando uno tiene esa determinación el peso ,que uno se ha dedicado a llevar encima durante tanto tiempo, desaparece permitiendo respirar con tranquilidad. Cierto es de que no he llegado a esa determinación yo solo. Obviamente existen pequeños efectos detonantes, pequeños pero que juntos logran esa montaña de arena.

 Creo que, ya escribo esta entrada para sincerarme, es necesario ir con aquel detalle tan importante de esto. Me encantan las personas que provocan cambios en mí, que me hacen me planteé todo mi mundo de diferente manera. Esas experiencias que dejan una gran incógnita en cada uno y hubo una persona que dejó un terrible agujero en estos lugares. Y no puedo estar más agradecido con él, con el choque e impacto que provocó en toda la concepción de mi mundo, en las ideas tan crudas que se esconden detrás de muchos pensamientos que huelen a rosas porque somos los afortunados de poderlos hacer nacer con perfume. Esa necesidad está en mí, presente cada día, en conocer esa perspectiva, en sentir en mis carnes ese choque cultural que existe entre ambos lugares del mundo. Y es genial, increíble que alguien que conoces de pocos días y con la que vives algo intenso deje en uno mismo ese regusto de tener que marcharse, de que esto no es mío y no forma parte de mi futuro libre, que existe mucho lugar para poder encontrar mi sitio, que es por mi, para mí y porque toca ser egoísta y marchar lejos.

 A veces, esas personas que pasan de paso por nuestros mundos, son las que logran cambiarlo todo y darnos esa libertad que todos ansiábamos.

 Soy libre, y por ello me marcho. Todos mis pasos los muevo yo, con la única idea de que es todo para mí.