Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

jueves, 22 de diciembre de 2011

Como el río que fluye - Paulo Coelho

Hace unos días me leí "Como el río que fluye" de Paulo Coelho. Este libro está compuesto de artículos ya publicados y recopilados a petición de sus lectores. El libro en sí es una fuente continua de reflexiones y consejos. Especialmente, hubo un texto qe me llamó mucho la atención y os dejo el fragmento del texto.


 Leo en un portal de noticias de Internet: el 10 de junio de 2004 se encontró en la ciudad de Tokio un muerto vestido con pijama.
 Hasta ahí, todo bien; creo qe la mayoría de las personas qe mueren con pijama
 a) murieron durmiendo, lo qe constituye una bendición; 
 b) estaban junto a sus familiares o en una cama de hospital: la muerte no llegó de repente, todos tuvieron tiempo de acostumbrarse a "la indeseada de las gentes", como la llamaba el poeta brasileño Manuel Bandeira.
 La noticia continúa: cuando murió, estaba en su cuarto. Por tanto, eliminada la hipótesis del hospital, solo nos qeda la posibilidad de qe muriese durmiendo, sin sufrir, sin darse cuenta siqiera de qe no iba a ver la luz del día siguiente.
 Pero qeda una posibilidad: asalto seguido de muerte.
 Qien conoce Tokio sabe qe esa gigantesca ciudad es a mismo tiempo uno de los lugares más seguros del mundo. Recuerdo cierta ocasión en qe paré a comer con mis editores antes de seguir viaje al interior de Japón: todas nuestras maletas estaban a la vista, en el asiento trasero de coche. Inmediatamente dije qe era muy peligroso, seguro qe pasaría alguien, lo vería y desaparecería con nuestra ropa, documentos, etcétera. Mi editor sonrió y dijo qe no me preocupara: no conocía ningún caso semejante en sus muchos años de vida (efectivamente, nada ocurrió con nuestras maletas, si bien yo estuve tenso durante toda la comida).
 Pero volvamos a nuestro muerto en pijama: no había señal alguna de lucha, violencia o cosa parecida. Un oficial de la Policía Metropolitana, en entrevista al periódico, afirmaba qe con casi total seguridad murió de un ataqe súbito al corazón. Por tanto, descartamos también la hipótesis de un homicidio.
 El cadáver fue descubierto por empleados de una empresa de construcción, en el segundo piso de un edificio, en una urbanización qe estaba a punto de ser demolida. Todo nos lleva a pensar qe nuestro muerto en pijama, ante la imposibilidad de encontrar un lugar para vivir en uno de los lugares más densamente poblados y caros del mundo, decidió simplemente instalarse donde no tenía qe pagar el alqiler.
 Y entonces llega la parte trágica de la historia: nuestro muerto era sólo un esqeleto vestido con pijama. A su lado, había un periódico abierto, de fecha 20 de febrero de 1984. En una mesa próxima, el calendario marcaba el mismo día.
 O sea, qe llevaba allí veinte años.
 Y nadie lo echó en falta.
 El hombre fue identificado como un ex funcionario de la empresa qe construyó la urbanización, a la qe se mudó al comienzo del decenio de 1980, después de divorciarse. Tenía poco más de cincuenta años el día qe estaba leyendo el periódico y de repente abandonó este mundo.
 Su ex mujer no lo buscó nunca. Fueron a la empresa en la qe trabajaba, descubrieron qe se había declarado en qiebra después de concluir las obras, ya qe no se vendió ningún piso, y por eso no le extrañó qe el hombre no apareciera para sus actividades diarias. Buscaron a sus amigos, qe atribuyeron su desaparición a haber pedido algún dinero prestado y no tener forma de pagar.
 La noticia termina diciendo qe los restos mortales fueron entregados a su ex esposa. Yo acabé de leer el artículo y me qedé pensando en esa frase final: la ex esposa seguía viva y, aún así, durante veinte años, nunca buscó a su marido. ¿Qé debió de pasar por su cabeza? Qe él ya no la qería, qe había decidido alejarla para siempre de su vida, qe había encontrado a otra mujer y había desaparecido sin dejar rastro, qe la vida es así mismo: una vez concluidos los trámites del divorcio, carece de sentido continuar una relación qe ya qedó legalmente concluida. Imagino lo qe debió de sentir al enterarse del destino del hombre con qien compartió gran parte de su vida. 
 Enseguida pensé en el muerto en pijama, en su completa, abisal soledad, hasta el punto de qe nadie en el mundo entero se dió cuenta de qe durante veinte largos años había desaparecido, sencillamente, sin dejar rastro. Y concluyo qe peor qe sentir hambre, qe sentir sed, qe estar desempleado, sufriendo por amor, desesperado por la derrota..., peor qe todo eso es sentir qe nadie, pero absolutamente nadie en este mundo, se interesa por nosotros.