Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

viernes, 2 de septiembre de 2011

Druida

El camino estaba totalmente oscuro, en ese oscuro paso solo se oía el crujir de las hojas bajo mis pies. Todo a mi alrededor estaba prácticamente oscuro, la luna estaba totalmente llena, y sus reflejos eran lo único qe alumbraban mi camino. De vez en cuando oía algún animal moverse entre el espeso follaje de aqel bosqe pero eso no era motivo para asustarme, sabía qe si algo vendría a por mí ya lo habría hecho nada más entrar. Tras un rato de travesía a oscuras, llegué a un claro donde habían varios árboles derribados, muchas hojas amontonadas y una gran roca en el centro. El lugar estaba totalmente iluminado con un tono plateado, la luna llena bañaba cada rincón de ese claro. Me acerqé a la roca y el único sonido qe seguía escuchándose era el crujir de todas esas hojas caídas por la venida del otoño, y dejé la faltriqera sobre esta. La abrí y saqé lo necesario, un cuchillo bañado en plata, unas hierbas, y varias velas verdes.
No tardé mucho en colocar todos los materiales, el ritual lo conocía a la perfección ya qe lo llevaba haciendo muchos años siempre ese mismo día. Así qe encendí las velas qe había colocado formando un pentáculo, me corté con la daga y mojé cada una de las velas con mi sangre, y fui esparciendo por el pentáculo las hierbas a lo qe iba recitando el conjuro. Con cada palabra sentía en mis dedos una sensación de hormigueo, la sensación de la magia, pero con cada palabra me sentía más y más cansado. He de decir qe el efecto de mi conjuro no es inmediato, eso en la magia, normalmente es común, mi hechizo iba dirigido al bosqe, a contribuir a su sanación y a la protección de toda criatura habitante en ella, como las dríades, qe en el otoño e invierno sufrían grandes tormentos debido a la caída de las hojas y al frío invernal. Cuando terminé de recitarlo, dejé qe las velas se consumieran, y qe el aire tuviera la fragancia de todas esas hierbas utilizadas en el conjuro, limpié mi daga, y la volví a guardar en la faltrieqera. 
Tomé una profunda bocanada de aire, dejé qe todo aqello penetrase en mí, y me senté en la roca con toda la paciencia del mundo, en cuestión de horas el bosqe volvería a ser fuerte y sano, como si todo estuviese bañado por la primavera. Pasaron varias horas, y en el ambiente se notaba como cada partícula de magia renovaba la esencia en el claro para luego ir extendiéndose poco a poco por todo el bosqe, de vez en cuando  podía escuchar como algún sátiro, fauno, e incluso alguna dríade gritaba por la renovación de su hogar.
Al cabo de unas horas, el claro estaba totalmente poblado por toda clase de seres elementales desde las dríades, hasta incluso un peqeño y adorable puck, también unicornios y licántropos, todos ellos observándome y agradeciéndome la ayuda prestada con un hermoso canto qe al unísono interpretaban.
Esto era lo qe realmente me gustaba de ser un druida, ver la vida qe respira un bosqe, ayudarlo y poder ver todos estos seres qe del mundo huyen por miedo a ser capturados.