Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

viernes, 30 de marzo de 2012

Actualización

Bueno, me voy a ir de acampada el fin de semana y por eso no voy a actualizar en todo el finde. Otra cosa, siento no haber subido nada en estos días, mi estado de ánimo ha sido nefasto y por eso mismo no he hecho nada. Pero si os dejo un fragmento del libro qe ando escribiendo.

 Erik recobró el sentido, no sabía donde se hallaba ni como había llegado a aquel paraje. Intentó hacer memoria pero solo recordaba una luz fulminante y una voz en su cabeza. Se levantó y miró a su alrededor. Pudo ver la llanura en la que estaba situado con grandes montañas a lo lejos, el cielo estaba totalmente despejado, un azul intenso cubría toda su basta extensión. Comenzó a caminar sin saber que rumbo tomar, pensando que pronto podría encontrar algún poblado, villa o reino donde poder descansar de todo lo ocurrido. 
 Tras horas de recorrido, pudo observar que el recorrido que llevaba caminando durante tanto tiempo seguía siendo el mismo, la distancia que existía entre las montañas y él era siempre la misma. Fue entonces cuando se dio cuenta de algo esencial, había perdido la noción del tiempo. De este modo, no sentía cansancio y todo a su alrededor se mantenía inmutable. 
 Aún así, eso no evito que sintiera un hambre atroz, poco a poco, después de tanto caminar era lo único que llegaba a sentir. Se arrodilló, y conjuró un pequeño manzano del cual obtuvo alimento. Era extraño, dicha magia de convocación era bastante peligrosa, pues requería un gran esfuerzo mental y físico del druida que lo utilizara, pero aún así, él no sintió cansancio alguno, incluso sintió que si volviese a realizar el conjuro volvería a suceder con sorprende éxito. 
 Cuando comió las dos manzanas convocadas, con cierto miedo convocó un pequeño charco de agua donde poder saciar su propia sed y de esta forma su hipótesis de que la magia en aquel páramo era ilimitada se cumplió. No sabía donde estaba ni porque no podía avanzar, pero el hecho de que su magia inagotable le produjo cierta tranquilidad.
 Pero no todo era bueno o malo, su hambre no era saciada por mucho que ingiriese aquellos alimentos que podía convocar, su hambre era distinta y pronto supo el porqué. Fue cuando después de tantas horas en aquellas tierras volvió a pensar en todo lo ocurrido, en el ritual que Vestein había realizado y la manera en la que había maldito a ambas tribus. 
 Su maldición no le permitía saciar otro hambre que sentía en él, la bestia alada que dentro de él habitaba aunque esta vez era capaz de poder controlarla.