Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

martes, 18 de septiembre de 2012

Metro

 Despertó bañado en sudor, el calor en aquella ciudad era realmente agobiante. Ni siquiera el ventilador que tenía puesto al pie de su cama conseguía hacer que se sintiera más fresco. Movió la mano por la cama buscando la mesilla de noche y tocó el cuerpo de su novio, suspiró y agarró su móvil.  
 Dió un pequeño suspiro y se levantó para ducharse. Sintió como el agua caía por su cuerpo, pero también sentía que aquel momento era el único momento donde la paz le embargaba, de alguna forma u otra aquello le desconectaba del infierno que iba atravesando.
 Ya duchado comenzó a hacer el desayuno, y fue cuando volvió a recordar. La nostalgia lo invadió, recordó aquellas mañanas donde preparaba el desayuno para su otra parte después de una larga noche de caricias. Suspiró de nuevo, desayunó y salió de su casa.
 Últimamente el metro se volvía cargante, y muy pesado... sobretodo cuando aquellos recuerdos le invadían. Parecía tan lejos aquel mes de junio y sólo habían pasado tres meses de aquello. Se sentía agotado, parecía que todo le pesaba y poco a poco sentía que iba perdiendo el brillo en sus ojos. Nada le apetecía y todo era una eterna cuesta arriba.
 Nadie era consciente de lo que le devoraba por dentro, encarcelado en su realidad como un esclavo, siendo un héroe aunque nadie se diera cuenta de ello. Fue en ese momento cuando sonó su móvil.
 "Te echo de menos, al menos dime que estás bien" era lo que ponía en aquel mensaje. Aguantó la tentación para escribir, si lo hacía... condenaba a todo por lo que luchaba. Suponía renunciar a su amor pero por ser un buen hijo. Quiso contestar pero no pudo hacerlo.
 "Acabo de tatuarme aquello que te prometí, ojalá hubieras estado conmigo en ese momento, y que lo compartiéramos en nuestra piel... pero ahora puedo decirte feliz cumpleaños. Ya ves que incluso ahora, te llevo en mi propia piel" Justo con ese segundo mensaje llegó una fotografía. Tembló, incluso una lágrima le hizo estremecerse. Estaba loco, lo había hecho a pesar de todo lo que había ocurrido... quería verlo, tocarlo, quería llevarlo también, al fin y al cabo era él quien había tenido la idea. Pero, sobretodo, se dio cuenta de que hablaba enserio cuando prometió rescatarlo.
 Salió del vagón del tren y comenzó a caminar hacia de la salida del metro, fue entonces cuando se le ocurrió. Tomó una foto de su cara al lado de aquel fotomatón y la puso en su avatar.  Se notaba su cansancio, su pesar, su tristeza pero de alguna forma era la respuesta que podía dar. Una cara que reflejaba que aún esperaba ser salvado, que aquellas promesas que le hicieron seguían siendo esperanzas de que aquello pasaría.
 Esperaba que aquello fuera una respuesta. Una respuesta que reflejara que lo extrañaba, que lo esperaba y que todas las esperanzas estaban en él.