Un silbido fugaz pasó cerca de su oreja seguido de un golpe seco en la madera. Giró su cabeza y pudo ver como aquel dardo había estado a punto de impactar en su cabeza. No dudó dos veces el salir corriendo en busca de un lugar donde resguardarse. Pero, ese dardo no iba a ser el único de todos los que serían lanzados teniéndola a ella como objetivo. Pasaban silbantes, cada vez más cerca y cada vez con mayor frecuencia. Fue entonces cuando decidió actuar y convocó con un gesto de su mano un pequeño escudo alrededor de su cuerpo, no sería infranqueable pero, para cubrirse de dos disparos le servía. En su otra mano llevaba un pequeño frasco que emitía una pequeña luz, en su interior un pequeño ser embestía contra el cristal que lo apresaba. El ser, con apariencia de una pequeña hada golpeaba cada vez con mayor intensidad, incluso podía apreciarse como hacía uso de sus pequeñas dotes mágicas.
Pronto, sintió un pequeño pinchazo en su gemelo, y rápidamente como un veneno empezaba a expandirse por todo su cuerpo, aún así, no paró de correr pero sí tuvo que reducir la velocidad. Su túnica comenzaba a molestarla, el cuerpo comenzaba a arderle y todo era culpa de la ponzoña de aquellos dardos. Fue entonces cuando perdió el sentido y cayó en medio de aquel bosque, cayendo de sus manos el preciado tarro con la pixie pero, afortunadamente, sin ser quebrado.
Los habitantes de aquel bosque seguían buscando a aquella maga que había traspasado sus dominios, armados todos con pequeñas cerbatanas y con sus ropas tribales. En aquel bosque existían innumerables criaturas, pacíficas en tiempos pasados pero que después de todos los acontecimientos ocurridos habían tenido que adoptar una postura ofensiva contra cualquier persona que intentase entrar en aquellos lugares. Entre ellos existían muchas clases de híbridos, estaban los faunos: seres humanoides con el torso, las manos y la cara de humanos con atributos de ciervo como las patas y unos pequeños cuernos en la cabeza, también los sátiros, parecidos a los anteriores pero con atributos de cabra, los korreds también vivían en aquellos bosques, seres híbridos con cabeza de león, cuerpo de humano y pezuñas de cabra... La consecuencia de aquella postura ofensiva de los habitantes del bosque era la aparición de cadáveres durante las estaciones anteriores totalmente despedazados y sin rastro alguno de sangre en el cuerpo. Patrullaron el bosque durante horas y pudieron encontrar el cuerpo inerte en el suelo, el veneno la había dejado en un estado de letargo y Derros cargó con el cuerpo de la joven mientras su compañeros Kerit cogía todas las pertenencias, incluida la pequeña Pixie enfrascada.
Depositaron a la maga en una habitación con poca luz, algo lógico siendo la casa un árbol. Todo cuanto había en aquel espacio era hecho de la madera que el árbol había tenido y que mágicamente había sido alterado para formar una casa sin tener que dañar la vida de aquel ser anclado al suelo. Era una casa viviente. En la sala solo se encontraban Ulrick, protector de aquel bosque, Kerit quien portaba aún los artículos de la joven y Derros que observaba de cerca a la joven maga que habían encontrado. Mientras ella seguía durmiendo, Urick, comenzó a buscar materiales para realizar un pequeño conjuro que despertaría a la joven del sueño ya que era su labor como protector de la vida no dañar a ningún ser que pasara por el bosque, sólo podían defenderse de aquella manera en la que cualquier criatura tocada por el veneno del dardo quedaría inconsciente durante años si no se aplicaba el conjuro adecuado. Removió hierbas, entonó pequeños cantos, se cortó con su daga de plata e hizo una pequeña poción blanquecina con la que limpió el pequeño impacto de aquel dardo. La reacción no se hizo esperar y rápidamente abrió los ojos y gritó al ver aquellas criaturas a su alrededor.