Las dos espadas chocaron provocando un estruendoso ruido metálico, dos mundos luchaban por conseguir aquello por lo que habían luchado y seguido las señales. Para uno la derrota suponía el comienzo de una condena mientras que para su contrincante suponía el comienzo de su ansiada libertad. En aquella arena se encontraban los dos jóvenes guerreros, portando cada uno de ellos una diferente armadura.
Erik, quien dominaba la espada desde pequeño, lucía una armadura ligera, totalmente elaborada con cueros de diferentes animales, entre ellos el oso y el mamut, su rival Charown, portaba una armadura aún más pesada, cada una de las piezas estaba elaborada de placas proporcionándole una mayor defensa. Pero realmente la lucha se estaba librando en otro plano. La voluntad de ambos vino a encontrarse y esto provocaba un gran choque entre diferentes fuerzas de la naturaleza.
La estocadas cada vez eran más veloces, los golpes cada vez más poderosos y ninguno de los jóvenes combatientes mostraba el menor atisbo de cansancio, la perfecta técnica de cada uno blandiendo la espada era realmente asombrosa.
Erik portaba dos pequeñas espadas cortas, rápidas y letales para aquellos que se ponían en su camino, y Charown blandía un gran mandoble de acero con pequeñas runas impresas en la hoja. Era increíble como el combate se alargaba y ninguno parecía ceder en su empeño. Pronto, una finta despistó a Charown, que pudo evitar el corte a duras penas, y Erik aprovechando el efecto logrado en su contrincante comenzó a desplegar todo el potencial que guardaba dentro de su arsenal.
La combinación perfecta de "Corazón" y "Espíritu" era asombrosa, cada una de las espadas parecía desprender un pequeño brillo que poco a poco conseguían mellar las defensa de aquel caballero pesado. Charown, comenzó a desesperarse, y su armadura cada vez le era más incómoda. Paró con fuerza un golpe de Erik haciéndole perder el equilibrio, y de esta manera pudo quitarse el casco y parte de aquella pesada coraza.
Las miradas de ambos chocaron, ese momento era el que realmente iba a decidir quien sería el vencedor de aquel combate y cuál sería la voluntad más débil. Sus ojos, al encontrarse mostraron aquello que cada uno guardaba dentro, y justo en ese momento ambos se lanzaron en una estocada final. Fue entonces en el momento cuando ambas armas iban a impactar, Erik en un rápido movimiento escapó del choque de aquel metal frío y consiguió desarmar a Charown haciéndole caer su pesada mandoble al suelo, provocando un estruendoso ruido metálico.
Charown se arrodilló, y esperó el golpe que acabaría con cada uno de sus respiraciones, pero ese golpe nunca llegó. En cambio, encontró a Erik, observándolo con sus armas envainadas.
-¿Qué pasa?¿Por qué no acabas conmigo?-preguntó Charown.
-No es necesario, tu mirada dijo mucho más que cualquier palabra. Tus ojos tienen brillo y esa señal es única e irrepetible.
-¿Brillo?¿A qué te refieres?
-Amas, tu corazón es de alguien.
-¿Cómo lo sabes?¿Cómo es posible?
-Mis espadas reciben nombre de "Corazón" y "Espíritu", nombres de dos de las características principales de un guerrero. Cada acto va dirigido con el corazón y la pureza del acto influencia al espíritu. Cuando amas y actúas de forma que tu corazón dirija tus pasos siempre hallas la victoria, son actos puros que sólo encuentran la derrota cuando falta la voluntad de luchar por ello. Es entonces cuando tus golpes se vuelven débiles y vulnerables. Cuando dejas de golpear con todo tu alma, tu combate ha sido acabado. Cuando comenzaste a dudar de tus actos, logré encontrar tu punto débil y fue fácil acabar con el combate. La confianza es fundamental, debes confiar en ti para poder establecer diferentes relaciones con el mundo al exterior, cuando lo consigues, eres capaz de confiar en el resto de personas, o cosas que existen. Por ello, no debes dejar de luchar jamás pero no caigas en la trampa común que cae todo el mundo. Cuando te guía el corazón hay que ser valiente, no temerario. Confía en tus habilidades, en confía en tu lucha, confía en tu corazón. Una vez que logres escucharle, podrás ser partícipe de los milagros.