Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

lunes, 20 de junio de 2011

Helado (2º Parte)

No sé donde estaba, todo a mi alrededor estaba congelado. Miré a los lados y contemplé la escena. Me encontraba en un bosque, los árboles estaban congelados, las hierbas eran pequeñas agujas blanquecinas, incluso observé un animal convertido en una perfecta y fría figura de hielo. Me levanté despacio, intentando mantener el equilibrio y miré a mis manos, estas, eran también de hielo. De hecho mi cuerpo completo era hielo, y un aura blanquecina me rodeaba. Mi respiración era lenta, y pesada, pero pronto descubrí que no respiraba, simplemente hacía movimientos que eran vitales con mi otro cuerpo. No entendía como, pero poco a poco recordaba todas esas apariciones y esos dolorosos cambios que poco a poco se habían hecho paso a través de mí. Tras un rato perdido entre mis pensamientos, decidí explorar todo ese bosque. El único sonido era el de mi paso al romper el hielo del suelo y tras varias horas de camino pude llegar a un pequeño claro donde habían unos humanos. Estos humanos vestían ropas de piel con el fin de mantener el calor, y portaban armas. Habían logrado prender fuego y este se mantenía haciendo que el frío quedase alejado de la escena. Pude comprobar el horror de ellos al verme llegar. Empezaron a gritar y se armaron hasta los dientes. No supe como reaccionar, pero veía un posible peligro en sus armas. Estas tenían un aura que desprendían un fuerte calor y no dudaron en estocar. Paré los golpes sin preocupación, me di cuenta que estaba sobrestimando la potencia de sus armas y me acerqué con parsimonia a uno de ellos mientras los otros dos seguían intentando hacerme daño. Se dió cuenta de que le iba a agarrar pero fué demasiado tarde para él, yo no pretendía hacerle daño pero no me quedó más remedio. Su cuerpo solo se movía y emitía muchos ruidos molestos que me hicieron apretar más de la fuerza y pude escuchar un fuerte "crack". Los otros dos cazadores gritaron de la ira y uno de ellos consiguió clavarme de forma superficial su arma en la "piel" que cubría mi cuerpo. Entonces sin darme cuenta de donde el arma se había clavado salió una fuerte ráfaga de aire que los heló. No entendía nada pero me acerqué a las dos estatuas de hielo y las rompí con mis grandes manos. Supongo que qedaba mucho camino para averiguar que me había ocurrido.