Los gritos de la gente cada vez eran más desgarradores y yo no tenía intención de parar. Me metí en una tienda, y fué como un premio para mí, mucha gente desprendía un dulce olor a terror y sentía como sus corazones bombeaban la sangre con mayor intensidad, cosa qe me excitó. El dueño de la tienda, nada más verme, me encañonó con una escopeta, pero no le di tiempo a disparar, cuando se dió cuenta yo ya estaba bebiendo de él hasta dejarlo muerto. Le desmembré y cogí un brazo y escribí en la pared a modo de lápiz "Rezad lo qe sepáis, pero no os funcionará", por pura diversión y para qe oliese mejor el ambiente. Avancé por la tienda, y me metí por el último pasillo de esta, me apoyé a la pared y le pegué una patada a la estantería y esta en forma de dominó comenzó a derribar el resto de estanterías. Pude escuchar un fuerte crack, así qe me acerqé a la fuente del sonido y allí estaba. Un joven de unos 17 años, con cara de pánico y una gran brecha en su frente. No lo dudé ni dos segundos, le saqé de debajo de la estantería, cogí su brazo y tiré con fuerza haciéndole gritar de manera monstruosa, y comencé a reírme. Lloraba, y sangraba a borbotones, y podía escuchar como los otros humanos de la tienda gemía y lloraban sabiendo su destino. Mordí por donde le había amputado el brazo y comencé a beber de su sangre, estaba deliciosa, realmente deliciosa y muy dulce, todo sea dicho. Sus gemidos lastimeros me cansaron al rato, así qe decidí acabar con tu vida, le hinqé el diente en su cuello y me retorcí de manera desgarradora, matándolo a los segundos del fuerte dolor. Tiré su cuerpo inerte al suelo, y fuí al siguiente, allí un viejecito se retorcía y qería probarlo pues una sangre tan cultivada debería saber a gloria, por pura compasión, mentira, de eso no sentía, simplemente porqe no podría divertirme, lo maté sin más y bebí. Su sangre sí, tenía un toqe centenario, pero no me gustó. La sangre de los jóvenes era más sabrosa, y era la qe bebería siempre. Tiré su cuerpo débil al suelo y miré hacia la puerta, donde había entrado él. La persona qe más odié en la vida, un joven de uno 23 años, allí mirándome con repulsión y también con miedo en su mirada. Corrío y rompió la caja donde estaba el hacha para emergencias. Lo empuñó y me amenazó con el. Era muy gracioso, su cara y su peqeña esperanza a darme caza eran realmente sabrosas, así qe decidí jugar con él. Me acerqé con lentitud y el hizo aspavientos con el hacha, intentando hacerme retroceder, cosa qe no lograba. Cuando estuve a un palmo... el hacha entró en mi cuerpo, y un dolor me recorrío todo el pecho. El esperanzado sacó el hacha de mi pecho e intentó hacer lo mismo pero solo fué un error fatal. Agarré el hacha y le desarmé y le hice probar su medicina. El hachazo fué exactamente en el mismo sitio, y su grito fué desolador, cayó al suelo, pero seguía vivo y eso es lo qe qería realmente, iba hacerle sufrir durante un buen rato. Le qité el hacha, y lamí la hoja de este, saboreando la sangre del joven.
-La próxima vez, ten más cuidado...- le susurré.
Y comencé a morderle y retorcer haciendole sufrir más y más. Hasta qe se murió para mi desgracia y eso me provocó un fuerte enfado.Comencé la carnicería, desmembrando a diestro y siniestro, después, mordía miembros qe aún seguían en los cuerpos y luego después de la agonía qe les producía los remataba bebiendo de su sangre. Probé toda clase de sangre, de niños(siendo está la más dulce y más sabrosa, el miedo le daba un toqe qe la hacía irresistible), la de jóvenes(siendo esta la mejor en mi gusto, qizás porqe eran lo más cercano a mí cuando era humano), la de una embarazada( también era sabrosa, y más por qe contenía sangre para dos). Cuando terminé de beber de el último cuerpo, miré la carnicería. No sé porqé pero la sensación qe me produjo, me incitó a seguir haciéndolo esa noche....
La noche era joven...