La lluvia cae cada vez con más fuerza, y yo no oigo nada además del ruido de agua. Estoy empapado y no consigo moverme. No qiero salir de aqí porqe no sé adónde ir, estoy pérdido. J. tiene razón: si realmente hubiese llegado al límite esta sensación de culpa y de frustración ya me habría pasado. Pero sigue. Temor y tremor. Cuando la insastifacción no desaparece, es porqe fue puesta ahí por Dios con una única razón: es preciso cambiarlo todo, caminar hacia delante.
Ya he vivido eso antes. Cuando me negaba a seguir mi destino, sucedía en mi vida algo muy difícil de soportar. Y ése es mi gran temor en este momento: la tragedia. Un cambio radical en nuestras vidas siempre ligado al mismo principio: la pérdida. Cuando estamos ante una pérdida, no sirve de nada recuperar lo qe ya se fue; es mejor aprovechar el gran espacio abierto y rellenarlo con algo nuevo. Teóricamente, toda pérdida es por nuestro bien; en la práctica, es cuando cuestionamos la existencia de Dios y nos preguntamos: ¿me merezco esto?
"Señor, ahórrame la tragedia y seguiré Tus designios."
Justo al pensar en eso, retumba un trueno y el cielo se ilumina con la luz de un rayo.
De nuevo, temor y tremor. Una señal. Yo aqí intentando convencerme de qe siempre doy lo mejor de mí mismo y la naturaleza diciéndome exactamente lo contrario: el qe está realmente comprometido con la vida jamás deja de caminar. Cielo y tierra se enfrentan en una tempestad qe, al pasar, dejará el aire más puro y el campo fértil, pero hasta entonces se derrumbarán las casas, caerán árboles centenarios, se inundarán lugares paradisíacos.