Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

lunes, 24 de octubre de 2011

Brida - Paulo Coelho

-Voy a hacerte una pregunta-dijo-. Tienes qe ser absolutamente sincera en tu respuesta. Si me dices la verdad, te enseñaré lo qe me pides. Si mientes, nunca más debes volver a este bosqe.
Brida respiró aliviada. Era tan sólo una pregunta. No precisaba mentir, eso era todo. Siempre consideró qe los Maestros, para aceptar a sus discípulos, exigían cosas más difíciles.
Se sentó enfrente de ella. Sus ojos estaban brillantes.
-Supongamos qe yo empiece a enseñarte lo qe aprendí-dijo, con los ojos fijos en los de ella-. Comience a mostrarte los universos paralelos qe nos rodean, los ángeles, la sabiduría de la Naturaleza, los misterios de la Tradición del Sol y de la Tradición de la Luna. Y cierto día, vas hasta la ciudad para comprar algunos alimentos y encuentras en mitad de la calle al hombre de tu vida. 
"No sabría reconocerlo", pensó ella. Pero resolvió qedarse callada; la pregunta parecía más difícil de lo qe había imaginado.
-El percibe lo mismo y consigue acercarse a tí. Os enamoráis. Tú continúas los estudios conmigo, yo te muestro la sabiduría del Cosmos durante el día, y él te muestra la sabiduría del Amor durante la noche. Pero llega un determinado momento en qe ambas cosas ya no pueden seguir andando juntas. Necesitas escoger.
El Mago paró de hablar unos instantes. Incluso antes de preguntar, tuvo miedo de la respuesta de la joven. Su venida, aqella tarde, significaba el final de una etapa en la vida de ambos. Él lo sabía, porqe conocía las tradiciones y los designios de los Maestros. La necesitaba tanto como ella a él. Pero ella debía decir la verdad en aqel momento; era la única condición.
-Ahora respóndeme con toda franqeza-dijo, al fin, tomando coraje-. ¿Dejarías todo lo qe aprendiste hasta entonces, todas las posibilidades y todos los misterios qe el mundo de la magia te podría proporcionar, para qedarte con el hombre de tu vida?
Brida desvió los ojos de él. A su alrededor estaban las montañas, los bosqes y, allí abajo, la peqeña aldea comenzaba a encender sus luces. Las chimeneas humeaban, dentro de poco las familias estarían reunidas en torno a la mesa para cenar. Trabajaban con honestidad, temían a Dios, y procuraban ayudar al prójimo. Sus vidas estaban explicadas, eran capaces de entender todo lo qe pasaba en el Universo, sin jamás haber oído hablar de las cosas como la Tradición del Sol y la Tradición de la Luna. 
-No veo ninguna contradicción entre mi búsqeda y mi felicidad-dijo ella.
-Responde a lo qe te he preguntado-Los ojos del Mago estaban fijos en los de ella-. ¿Abandonarías todo por esa persona?.
Brida sintió unas ganas inmensas de llorar. No era apenas una pregunta, era una elección, la elección más difícil de las personas qe tienen qe hacer en toda su vida. Ya había pensado mucho sobre esto. Hubo una época en qe nada en el mundo era tan importante como ella misma. Tuvo muchos novios, siempre creyó qe amaba a cada uno de ellos, y siempre vio al amor acabarse de un momento a otro. De todo lo qe conocía hasta entonces, el amor era lo más difícil. Actualmente estaba enamorada de alguien qe tenía poco más qe su edad, estudiaba Física y veía al mundo de manera totalmente diferente a la de ella. Nuevamente estaba creyendo en el amor, apostando en sus sentimientos, pero se había decepcionado tantas veces qe ya no estaba segura de nada. Pero, aún así, ésta continuaba siendo la gran apuesta de su vida.
Evitó mirar al Mago. Sus ojos se fijaron en la ciudad con sus chimeneas humeando. Era, a través del amor, como todos procuraban entender el universo desde el comienzo de los tiempos.
-Yo abandonaría-dijo finalmente.




"Qizá la soledad lo haya enloqecido más aún", y Brida comenzó a sentir de nuevo un inicio de pánico. A pesar de su juventud, ya conocía los daños qe la soledad era capaz de causar en las personas mayores, principalmente cuando se hacían mayores. Había encontrado personas qe habían perdido todo el brillo de vivir porqe no conseguían ya luchar contra la soledad, y acabaron viciadas en ella. Eran, en su mayoría, personas qe consideraban al mundo un lugar sin dignidad y sin gloria, qe gastaban sus tardes y noches hablando sin parar de los errores qe los otros habían cometido. Eran personas a qienes la soledad había convertido en jueces del mundo, cuyas sentencias se esparcían a los cuatro vientos, para qien las qisiere oír. Tal vez el Mago hubiera enloqecido con la soledad.



La noche no era más qe una parte del día. Y del mismo modo qe se sentía protegida por la luz, podía sentirse protegida por las tinieblas. Las tinieblas hacían qe ella invocase aqella presencia protectora. Tenía qe confiar en ella. Y esa confianza se llamaba Fe. Nadie jamás podría entender la Fe. La Fe era exactamente aqello qe estaba sintiendo ahora, una zambullida sin explicación en una noche oscura como aqella. Existía sólo porqe se creía en ella. Así como los milagros tampoco tenían ninguna explicación, pero sucedían para qien creía en ellos.



"No fue sorpresa. Cada día del hombre es una Noche Oscura. Nadie sabe lo qe va a pasar el próximo minuto, e incluso así, las personas van hacia delante. Porqe confían. Porqe tienen Fe".
O, qien sabe, porqe no perciben el misterio encerrado en el próximo segundo. Pero esto no tenía la menor importancia, lo importante era saber qe ella había entendido.
Qe cada momento de la vida era un acto de fe.
Qe podía poblarlo con serpientes y escorpiones, o con una fuerza protectora.
Qe la fe no tenía explicaciones. Era una Noche Oscura. Y tan sólo cabía a ella aceptarla o no.