Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

domingo, 2 de octubre de 2011

Eat pray love - Elizabeth Gilbert

En eso era una auténtica novata. Y como es la primera vez qe saco esa palabra tan fuerte - Dios- en este libro, pero va a salir muchas veces en estas páginas, parece lógico qe me detenga aqí durante un momento para explicar exactamente a qé me refiero cuando la empleo, para qe la gente pueda decidir cuanto si se va a ofender mucho o poco.
 Dejando para después el debate sobre si Dios existe (no, mejor todavía: vamos a saltarnos el tema de todo), dejadme aclarar primero por qé uso la palabra Dios cuando podría usar perfectamente las palabras Jehová, Alá, Shiva, Brahma, Visnú o Zeus. Por otra parte, también podría llamar a Dios "Eso", tal como hacen las sagradas escrituras sánscritas, pues se acerca bastante a esa entidad integral e innombrable qe he experimentado en algunas ocasiones. Pero ese "Eso" me parece impersonal -un objeto, no un ente- y, cuanto a mí se refiere, soy incapaz de rezar a un "Eso". Necesito un nombre propio para apreciar debidamente esa sensación de asistencia personal. Por ese mismo motivo, al rezar no dirijo mis plegarias al Universo, ni al Gran Espacio, la Fuerza, el Ser Supremo, el Todo, el Creador, la Luz, el Altísimo, ni tampoco a la versión más poética de Dios, qe procede, según tengo entendido, de los evangelios apócrifos: "La Sombra de la Mudanza"
 No tengo nada en contra de ninguno de estos términos. Me parecen todos iguales, porqe todos son descripciones, adecuadas, o inadecuadas, de lo indescriptible. Pero es cierto qe cada uno de nosotros necesita dar un nombre funcional a este ente indescriptible y como "Dios" es le nombre qe a mí me resulta más cercano, es el qe uso. También he de confesar qe suelo referirme a Dios como "Él", cosa qe no me preocupa, porqe lo considero sólo un práctico pronombre personal, no una descripción anatómica precisa, ni una causa revolucionaria. Por supuesto, me parece bien qe determinadas personas se refieran a Dios como "Ella", y comprendo su necesidad de hacerlo. Repito qe, para mí, ambos términos son eqiparables, igual de adecuados o inadecuados. Lo qe sí creo es qe poner mayúsculas el pronombre qe se emplee es un buen detalle, una peqeña deferencia ante la divinidad.
 Culturalmente, aunqe no teológicamente, soy cristiana. Nacía en el seno de la comunidad protestante de la cultura anglosajona blanca. Y pese a amar a ese gran maestro de la paz qe fue Jesucristo, y reservándome el derecho a plantearme qé hubiera hecho Él eb ciertas situaciones complicadas, soy incapaz de tragarme ese dogma cristiano de qe Cristo es la única vía para llegar a Dios. En sentido estricto no puedo considerarme cristiana. La mayoría de cristianos qe conozco aceptan mis opiniones sobre este tema con generosidad y tolerancia. Aunqe, a decir verdad, la mayoría de los cristianos qe yo conozco son poco estrictos. En cuanto a los qe tienen ideas más estrictas (a mi modo de ver), lo único qe puedo hacer aqí es disculparme por cualqier posible ofensa y comprometerme a no inmiscuirme en sus asuntos.
 Invariablemente, me he identificado con los místicos trascendentes de tosas las religiones. Siempre me ha producido una profunda emoción oír decir a alguien qe Dios no vive en un texto dogmático, ni en un distante trono en los cielos, sino qe convive estrechamente con nosotros, mucho más próximo de lo qe podríamos pensar, sensible a las zozobras humanas. Doy las gracias a cualqiera qe, tras viajar al centro de un corazón humano, haya regresado al mundo para informarnos de qe Dios es una experiencia de amor supremo. En todas las tradiciones religiosas qe se conocen siempre ha habido santos místicos y trascendentes qe narran exactamente esta experiencia. Por desgracia muchos de ellos acabaron en la cárcel o murieron asesinados. Aun así, los admiro profundamente.
 Dicho todo esto, lo qe pienso hoy de Dios es muy sencillo. Pondré un ejemplo para explicarlo: yo tenía una perra fantástica. La había sacado de la perrera municipal. Era una mezcla de unas diez razas distintas, pero parecían haber heredado los mejores rasgos de todas ellas. Era de color marrón. Cuando la gente me preguntaba: "¿De qé raza es?",siempre les contestaba lo mismo: "Es una perra marrón". Asimismo, cuando me preguntan: "¿Tú en qé Dios crees?", mi respuesta es sencilla: "Creo en un Dios grandioso".