Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

lunes, 7 de mayo de 2012

Abrazo.

 Y ese era justo el momento en el que dos mundos comenzaban a colisionar con tal fuerza que después de aquel impacto iban a quedar diferentes cráteres en la superficie de cada uno. Un momento exacto con el que mi mundo había soñado durante largos días, largas semanas y largas noches en vela.
 Pero sobretodo, en esa colisión un sin fin de dudas afloraron acribillándome sin tregua alguna. ¿Cómo debía de saludarle?¿Cómo reaccionaría a mi abrazo?¿Cómo me vería ante sus ojos?¿Qué estaría sintiendo en su pecho?¿Lo mismo que yo? Y no solo la incógnita era lo que me atormentaba en aquel reencuentro soñado, también el miedo hizo acto de presencia gritándome que volviese atrás, que no estaba listo para aquello, que la herida sería mayor, que me rindiese y volviese a ese autobús que me había vuelto llevar a su presencia.
 Aunque, Duda y Miedo estuvieran presentes, acompañándome de la mano y escuchando conmigo "Set fire to the rain", mi pequeño corazón comenzó a latir con mayor fuerza, y de algún lugar comenzó a crecer la fuerza en mí, cada emoción que existía dentro de él emergía exhalando una bocanada de aire fresco. Sí, de esta forma aquel momento cambió de repente, Duda y Miedo se esfumaron sin más, y la música dejó de tener poder en mí. Apagué mi reproductor de música, y simplemente dejé que fuera mi corazón quien guiase mis actos, mis pasos.
 Y de esta forma, allí estaba él. Vistiendo un precioso abrigo negro y una sonrisa de oreja a oreja que daba calor a mi pecho. Sus pasos eran inseguros, pasos temerosos por no saber como reaccionar ante aquella colisión destructiva. Los pasos hacia el otro avanzaban, cada vez era menor la distancia que nos separaba y de alguna forma, él no se esperó mi abrazo.
 Lo abracé poniendo mi alma en él, apoyando mi dolor, mi sufrimiento, mi ira, mi rabia, mi felicidad y mi amor. Un abrazo que nunca dí, un abrazo desesperado, un abrazo que lo único que buscaba era la explicación de tanto mal. 
 Temor, y Tremor estaban haciendo acto de presencia viendo con interés aquel abrazo, buscando ambos alguna brecha donde colarse y dañar, un lugar pequeño donde dejar una colilla encendida para volver a iniciar un infierno.
 Pero no fue así, con la magia del abrazo aquellos sentimientos salieron de la cueva donde se hallaban y apagaron aquella colilla infernal, alejando a los impresentables y dejando que el mundo en ese momento fuera nuestro, suyo y mío. No sé cuanto duró ese abrazo colosal, ese abrazo que con cada roce iba dejando marcas, fisuras y deformaciones en el alma. O eso creía porque nada de eso pasó, creo, que aquel recuentro abrió de nuevo aquella parte del alma dolorida que estaba muriendo, dándole fuerza para no dejar de tomar aire, abrió las emociones que de alguna forma habían sido sembradas en incontables ocasiones sin dejarlas germinar, sin tener el cariño personal y el calor humano. Ilusiones nacidas de un cable electrónico, creadas a partir de una voz al otro lado de un auricular.
 Y aunque muchas promesas se hicieron, el valor de la palabra quedó reducido a cenizas, porque como usualmente se hizo,aquella palabra no era pronunciada con su verdadero sentido. ¡Y cómo dolía cada palabra mal usada! Era como hurgar en una herida que aún estaba supurando pus. Pero, a pesar de ello, el corazón conseguía mantenerse vivo, latente y albergando un sentimiento que era más grande que el mismo Universo, y a su vez, era tan pequeño como el Universo.
 En ese momento, un abrazo cobró sentido. En ese momento, los besos quedaron atrás, porque su cuerpo y el mío se encontraron de una forma más importante.
 Ese instante, en el que el alma reencuentra a su otra parte.