En ese momento sentí que cada una de mis plegarias había sido escuchada, algo dentro de mí comenzó a latir con fuerza... una vez más. Y eso era algo que me preocupaba.
A pesar de todas las situaciones aún seguía existiendo un brillo en mis ojos, ese brillo que demuestra que el alma siente esperanza, ilusiones... un brillo que llega a ser el vivo reflejo del "agape".
¿Qué era lo que estaba dejando atrás?¿Cuáles serían las consecuencias de sentir "ágape" con mayor fuerza?¿Era acaso motivo para mantenerme en el mismo lugar del camino?¿ Era estar sentado en la sombra de un árbol centenario que con el paso de las horas esa sombra desaparece bajo el poderoso Sol que abrasaba con sus rayos? ¿Una solución temporal?
Duda, se presenta en muchas ocasiones conmigo... es más, ahora mismo está susurrando con su dulce e insegura voz. Pero Duda no conseguía su cometido, hacer dudar el sentimiento que mi corazón guardaba con una capa y espada. Lo único que conseguía era que Miedo volviese a entrar con una pequeña maleta de viaje.
Pero, yo no estaba solo. Conocía cada una de las armas que estaban en mi arsenal, y sobretodo cuán era capaz de saber empuñarlas con la destreza que era necesaria. Un combate junto con el Coraje y el Valor que sabía que rezumaba cada poro de mi piel, y haciendo de ellos dos espadas con las que luchar.
Y esa faceta del guerrero de la luz me acompañaba, luchaba por algo, por un sentimiento latente en mi pecho. Luchaba por mantener aquello que era lo más puro que podía existir, el sentimiento primigenio. Amor.