Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

lunes, 9 de mayo de 2011

Hadas

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Hoy en día las historias de hadas han quedado convertidas en cuentos infantiles formando parte del reino de la fantasía, del mundo de los niños, pero todavía hay personas que creen en ellas y que afirman sin pudor que un días las vieron.
Las hadas son espíritus femeninos de las naturaleza, seres que viven en nuestro mundo, pero en un plano diferente. En ocasiones, ambos mundos se encuentran y surgen los testimonios que confían en su existencia. Unos nos hablan de islas mágicas; otros, de pueblos escondidos bajo las colinas; algunos dicen haberlas visto entre los árboles, en las fuentes, en los ríos y en las cuevas, Allá donde hay naturaleza es posible encontrar a un hada. Se alejan de la civilización, se ocultan en la maleza. Un rumor de hojas en medio del bosque puede ser su etéreo paso; quizás pronuncian el nombre de un caminante que se vuelve sorprendido hacia el vacío, siente una mirada por la espadal, pero se gira y nadie le sigue; a veces creemos haber puesto las llaves en un sitio, pero al buscarlas no aparecen... hoy en día nos negamos a seguir estas señales, pero en otras épocas los hombres no se creían los únicos pobladores del mundo ni temían a estos seres.

http://www.horoscopoyrunas.com/imagen/tiposdehadas.jpgLos celtas ya creían en las hadas, por lo que Irlanda, Gales, Gran Bretaña, Escocia, la Bretaña francesa, Galicia y Asturias conservan todavía relatos de hadas, e incluso hay lugares en los que se percibe su presencia. Para los griegos, las hadas eran las ninfas, también espíritus femeninos de la naturaleza con las mismas características. Existen tantos tipos de hadas que es difícil establecer una tipología: las hay altas y delgadas como las daoine sidhe de Irlanda o las sidhe de Escocia, y las hay diminutas y juguetonas como la grig, la ellylon o las portunes. Otras son hermosas y pacíficas, como las anjanas asturianas o las damas blancas europeas; otras son de belleza turbadora, inquietantes y peligrosas, como las damas verdes francesas o las rusalkis eslavas. Las hay niñas y ancianas, buenas y malas, tristes y alegres. Hay miles de matices y su trato depende de la actitud que adoptemos con ellas, ya que las hadas tienen unas cuantas leyes íntimas que no permiten que nadie transgreda. Detestan los malos modales, los gritos y los insultos, y tampoco perdonan que se las espíe. Consideran que la naturaleza forma parte de todos, así que rechazan el sentido de la propiedad. Algunas veces cometen pequeños hurtos, como robar fruta de los árboles, leche de vacas o comidas de las casas, pero no creen cometer ningún delito, pues consideran que todos debemos compartir lo que tenemos. Algunas hadas tienen dotes especiales para la profecía y la adivinación, otras conceden deseos, la mayoría ayuda en los malos momentos. Agradecen que les hagan ofrendas en forma de comida y responden a las invocaciones y peticiones.
 
Otras son anuncio de muerte, como la banshee y muchas otras iluminan a los poetas, como la leanan sidhe o las sílfides. Sorprendería la cantidad de testimonios que llegan de todos los lugares; las han visto en Noruega y en el mar del Norte, en Cerdeña, Italia y el mar Mediterráneo, en Europa Central y en Europa del Este, en España, Francia e Irlanda, en tierras británicas y en las reservas indias. Han percibido su presencia en bosques frondosos, en ríos y mares, en fuentes y lagos, en la lluvia y en la niebla, en los desprendimientos de tierra y en la formación del arco iris. Las han encontrado en el fuego y en el aire, en tierra y en agua. Les han cantado poetas, las han dibujado los pintores y les han dedicado obras los escritores. Shakespeare dio a conocer la historia de Titania, la reina de las hadas, en el Sueño de una noche de verano; por no hablar de los cuentos de Andersen, Grimm o Perrault, o del mundo mágico de Tolkien. Las hadas forman parte de nuestra cultura, de nuestros sueños.

No se sabe si las hadas existen, pero por si acaso procuremos no hacerlas enfadar, siguiendo sus reglas, sobre todo en los cambio de estación, pues las leyes mortales quedan derogadas y los seres de la naturaleza penetran en nuestro mundo. Debemos evitar hacer daño a la naturaleza, debemos recordar que el hombre no es el único ser que tiene derechos en este mundo, nunca debemos llevarnos la última fruta de un árbol ni ensuciar los ríos. Si cumplimos estas normas y mostramos cada mañana nuestra mejor sonrisa, quizá algún día tengamos la suerte de ver un hada, y si no la vemos al menos nos queda la satisfacción de contribuir a crear un mundo mejor.