Los milagros solo ocurren si crees en ellos - Paulo Coelho

viernes, 6 de mayo de 2011

Sueño...

Me desperté empapado de sudor, mi cuerpo había estado retorciéndose durante horas por aquella pesadilla. Sabía que había sido una pesadilla, pero no lograba recordar nada de ello. Despacio me levante de mi cama, me  puse unos calzoncillos y salí a desayunar. Por el pasillo que me llevaba a la cocina me encontré a mi tía, y esta me saludó con su típico saludo matinal. Al llegar a la cocina, mi abuela y mi madre estaban charlando mientras hacían el desayuno. Las saludé con un beso y comencé a engullir mis tortitas y mi zumo de naranja. Mientras engullía como un animal, no podía dejar de darle vueltas a la pesadilla que había tenido, sabía que había sido suficientemente fuerte como para no dejarme descansar nada en la noche. Por fortuna ese día no tenía clases, y podía dormir más si quería. Mientras me comía la cabeza intentando recordar, mi madre me hablaba y me sacó de las ensoñaciones con un fuerte grito que me asustó.
-¿Por qué estás tan sudado?¿Has tenido mala noche?
- La verdad es que no he pegado ojo, una pesadilla de la que no podía despertar.
- No te preocupes por ello, solo ha sido una pesadilla, ya verás que esta noche descansas mejor.
- Sí, bueno, pero lo curioso es que no recuerdo nada de ello.
- Suele pasar, quizás ha sido cosa de la memoria selectiva.
- Puede ser.- respondí automáticamente sin ni siquiera prestar atención a lo que estaba afirmando.
Me levante de la mesa, recogí el plato y la taza, los lavé y me fuí a la habitación a hacer unos ejercicios mañaneros. Después de media hora de abdominales y flexiones varias, cogí una toalla del armario, cogí ropa limpia y me metí en el baño para bañarme. Necesitaba ese baño más que nada, agua caliente y yo tumbado en la bañera, con esa paz. Coloqué el tapón de la bañera, puse un poco de sales relajante, y comencé a llenar la bañera. Lo único malo de estas cosas eran que tardaban demasiado en llenarse. Al meterme dentro, mis músculos se relajaron, mi cuerpo chilló del placer y poco a poco una modorra me poseyó y quede dormido en el baño. De repente hoy a mi tía, abuela y madre golpeando la puerta, gritando que la casa se estaba inundando. Miré a los alrededores de la bañera y todo estaba inundado, al menos medio metro de inundación y la bañera escupía más y más agua. Me levanté y salí al pasillo, sin nada encima, pero en ese pasillo no había agua, ni una madre o abuela gritando, no había nadie en ese pasillo, solo una oscuridad penetrante que sea acercaba rápidamente y me engullía. Un dolor me apisonó todo el cuerpo, grité y grité de dolor y solo podía hacer eso, gritar y retorcerme del más desgarrador dolor.