Me despedí de mis padres antes de pasar aquel control policial. Aquello siempre resultaba realmente pesado, esperar a la puerta de embarque y luego embarcar. Después, solo quedaba esperar a que aquel avión llegase a tu destino, en este caso Barcelona.
Las horas en el avión eran tediosas, monótonas, aburridas y para colmo, el calor que hacía aquel día no era lo que ayudaba. Mis nervios, en aquel pájaro de hierro, estaban a flor de piel. El asiento estrecho donde estaba sentado era incómodo, y las dos personas que se sentaban a mi lado... insoportables. Lo único que podía hacer era leer, escuchar música y esperar. Cada cierto rato miraba las manecillas del reloj para ver si había avanzado el tiempo y para mi sorpresa solamente habían pasado diez eternos minutos.
Conseguí introducirme en la lectura y pronto se oyó al capitán informándonos que en breves minutos efectuaría el aterrizaje en aquella anhelada ciudad, y para colmo, mis nervios rompieron filas. Sentí el mayor asfixie que pude haber conocido, el corazón se disparó y aquellos minutos de maniobras para aterrizar se hicieron...eternos.
Por fin conseguí salir del avión y comencé a pasear por aquel aeropuerto que tanto me gustaba. No sé lo que tenía, pero sin duda, era realmente precioso...y también era fácil de perderse, o al menos, para alguien novato como yo. Entre tanto paseo, el calor me abandonó y se instaló conmigo un frío glacial en mi cuerpo, así que decidí ponerme la chaqueta que había elegido llevar aquel día,siendo cada parte de mi vestuario meticulosamente elegida.
La noche anterior había desecho todo mi armario buscando conjuntos que me quedaran bien, o que me hicieran sentir lo suficientemente guapo. Probaba y probaba muchas camisetas, vaqueros, camisas, chaquetas, deportivas, calzoncillos... y después de un buen rato encontré el conjunto perfecto. Pero lo mejor, es que me hacía sentir guapo y sexy (cosa que era bastante raro en mí).
Me puse la chaqueta, y continué caminando por los largos pasillos en dirección la salida... y entonces fue cuando mi corazón directamente explotó. El nerviosismo se apoderó de mí y aceleré el paso porque no podía aguantar la espera. Llevaba meses sin verlo y necesitaba encontrarlo en aquel lugar.
Sobretodo, porque el aeropuerto es una buena forma de conocer la magia. Es un sitio donde personas de otro lugar se vuelven a encontrar con amigos, familiares y conocidos. Es algo que siempre me gusta observar cuando voy a buscar a alguien al aeropuerto, ver a esas personas como se dan mágicos abrazos, besos románticos, o apretones de manos secos. Pese a todo, es un lugar donde la magia está en el aire porque continuamente los sentimientos salen a flote.
Y era yo quien iba a volver experimentar aquello en mi propia piel, avancé velozmente a la puerta que me separaba de él. Los nervios eran en aumento pero la felicidad también crecía, aunque esta lo hacía paulatinamente. Entonces cuando atravesé aquella puerta, fue la felicidad me inundó por completo. Allí estaba, apoyado en la barandilla de metal que nos separaba, sonriendo, pero más guapo que nunca. Ya no había nada que me detuviera, así que corrí para abrazarlo.
Lo juro, sus brazos eran cálidos, su cuerpo tembló como el mío cuando nos chocamos. No sé cuanto duró el abrazo, pero, aunque ninguno de los dos sabía si hacerlo... fueron nuestros labios los que se encontraron guiados por el corazón. Un beso que liberó mi alma, la suya, y volvieron a encontrarse en perfecta armonía. Un beso que convocaba en aquella salida de viajeros al Ágape de aquella noche mágica. Un beso que devolvía el aliento y alimentaba el alma con verdadera felicidad.
-Te amo-le susurré.
-Yo también, patita-me contestó.